Parte 1: Llegó el día.

¿Y al fin qué vas a hacer con tu vida? … Es la pregunta que retumbaba en mi mente desde que me gradué del colegio. Tenía claro qué cosas me gustaban.

Juan Felipe ©

Desde niño he tenido un gusto enorme por editar videos.


Solía crear estos programas donde uno de mis primos era el presentador y mi hermano era el invitado especial o un noticiero con noticias rebuscadas que luego editaba. Buscaba la música perfecta, buscaba comerciales de moda y creábamos un video bastante entretenido.


Sabía que a eso me quería dedicar. Más que a producir videos, a generar contenidos. Estudié producción musical gracias a un impulso de mi papá por potenciar mi lado artístico-musical y desarrollé aptitudes nuevas que me hicieron buscar siempre “algo más”.

Sonido en Vivo | Juan Felipe ©

No soy de los que se conforman fácilmente y menos cuando se trata de estudiar o de crecer profesionalmente hablando.


Orgullosamente, entré a estudiar Medios Audiovisuales y fue ahí donde la burbuja explotó y se hizo mucho más grande. Ya no solamente estaba enamorado de la producción sonora sino de la fotografía, del cine, de la radio y establecí metas claras en mi vida.


Tuve la oportunidad de trabajar en el departamento de prensa de la universidad y así logré pagar la mayor parte de mis estudios profesionales. También conocí gente y mejoré notablemente en mis habilidades y fue ahí cuando esa sed por hacer algo más empezó a crecer. Cuando me gradué tuve trabajos interesantes que me ayudaron a generar ingresos, a viajar y a seguir construyendo mi portafolio, a establecerme como profesional … Y de nuevo empezó mi sed por hacer siempre algo más.


Las oportunidades en el extranjero suelen verse casi que imposibles o, nosotros solemos desconfiar bastante de eso, sobre todo cuando aplicar a una oferta laboral de este tipo, implica que hagamos una inversión monetaria considerablemente alta.


Quiero hoy compartirles mi proceso sobre cómo logré embarcarme en un crucero. Contarles a qué me dedicaba, cómo es la vida en un barco, la frustración que sientes y el miedo o los nervios que te invaden mientras estás haciendo todo el proceso previo a irte. Emociones con las que nos encontramos en ciertas etapas de nuestras vidas.


Toda esta historia empieza un día en que navegando por Facebook, vi un post sobre trabajar en cruceros, sin embargo, la convocatoria era únicamente para cocineros y, la verdad yo como cocinero soy muy buen fotógrafo. Así que simplemente seguí mi camino e ignoré completamente ese anuncio. Me encontraba en un trabajo que me estaba llenando de frustración porque, de cierta forma, me estaban poniendo barreras creativas y no hay nada más tóxico o dañino para una persona, que eso. Así que recordé ese post y empecé a indagar en Google qué requerimientos hay para trabajar en un crucero.

Music Production | Juan Felipe ©

La búsqueda me dejó súper desubicado, con muchas dudas, y eso hizo que mi interés en este proceso se enredara un poco. Empecé a pensar en que esas oportunidades de irse al exterior implican que tienes que invertir muchísimo dinero, que pueden estafarte, que es una puerta demasiado pequeña y que no todo el mundo logra pasarla.


Por esas cosas extrañas de las redes sociales, que cuando hablas sobre un tema específico o que quieres comprar algo, empiezas a verlo en todos lados, empecé a ver demasiados anuncios para hacer booking en cruceros, o sea, a comprar tiquetes y reservar habitaciones en cruceros. Mi interés no era ese puntualmente, pero por curiosidad, empecé a meterme en un anuncio, luego en otro, luego en otro y finalmente di con un anuncio que decía “we are hiring”, que traduce al español “estamos contratando”.


Lo primero que pensé fue: debe ser para cocineros de nuevo, porque, en lo que respecta a cocina y servicios generales, se solicitan demasiadas personas. Para mi sorpresa, estaban buscando fotógrafos. En mi mente me preguntaba “será que me arriesgo?” … y luego vino esa frase motivacional colombiana “hagámosle, qué hijuemadres”. Empecé a preparar mi hoja de vida, a actualizarla, volverla más fácil de entender y mucho más presentable. Mejoré mi página web y la actualicé con trabajos más recientes y mucho mejores que los que tenía antes y ya sin pensarlo dos veces, hice clic en el botón aplicar.


Mi primer cortometraje universitario escrito por mi.
MEMENTO | Juan Felipe ©

Hay dos formas en las que los cruceros suelen contratar personal.


La primera es directamente aplicando a ofertas laborales que publican en los portales web de cada compañía y la segunda, que es la más común, es a través de agencias de reclutamiento en cada país.


Para ponerlos en contexto: si tu que me lees eres músico o quieres aplicar como músico, hay agencias de reclutamiento especializadas en esa área. También hay otras agencias de reclutamiento que son más generales y reclutan cocineros, músicos o, en mi caso, fotógrafos. La que encontré y con la que hice todo mi proceso es de Bogotá y encontré personas muy profesionales sin las cuales ustedes no estarían leyendo esta historia.

 

Llegó el día de la entrevista y, como era de esperarse, fue toda en inglés. La razón es sencilla: el idioma oficial de los cruceros es el inglés. Te exigen, no un nivel súper alto, pero tienes que estar en la capacidad de sostener una conversación y entender muy bien porque, vas a estar en un ambiente que está basado en la atención al usuario. Tengas el cargo que tengas.


Ese fue el primer filtro. La entrevista con la agencia duró unos 35 minutos y fue muy amena. Conocí a la primera persona que fue fundamental en el proceso, y que, por su profesionalismo y su excelente forma de ser, hizo que la experiencia previa a abordar, fuese mucho más sencilla de llevar.


El segundo filtro fue una entrevista directamente con una persona de Recursos Humanos de la línea de cruceros, que se realizó online y que, por obvias razones, también fue en inglés. En esa entrevista me explicaron cosas básicas de la compañía, me explicaron qué requerimientos técnicos tenía que tener presentes como por ejemplo el tipo de cámara que se usaría, y que si no tenía una que cumpliera los estándares o que fuese mejor, tenía que comprarla y la compañía te da la opción de comprarla con ellos y te la descuentan en dos cuotas del salario.


Hasta este punto, todo era felicidad. No había tenido que invertir dinero, salvo lo del transporte para ir a la agencia y la oportunidad parecía real.

Consola de Mezcla | Juan Felipe ©

Todo iba bien … Pero como a nadie le gusta esperar, empezó a volverse mucho más lento el proceso, hasta que eventualmente, llegó el día en el que no supe más en qué iba mi proceso. No sabía si me habían aceptado o no y el tiempo seguía corriendo.


Después de varios meses esperando respuesta, por fin recibo un correo en el que decía que fui aceptado como fotógrafo y que iba a necesitar hacerme exámenes médicos y solicitar la visa de tripulante. Los exámenes médicos costaron $550.000 pesos colombianos y fue examen de sangre, de orina, de audición y vista y una radiografía del pecho. Posteriormente, tenía que ir a donde un médico certificado por la empresa de cruceros que analizaría los resultados y daría el sello de apto para el trabajo o no apto. Esa cita con él, costó $165.000 pesos colombianos. Ya la cuenta iba por $715.000 pesos colombianos. Y fue ahí cuando empezó la frustración.


El médico me recibe sin sonreír. Eso deja mucho que pensar de alguien. Le estiro la mano, le digo "buenos días doctor, ¿cómo está?" y él solo me mira sobre el computador, me dice “hola, siéntese” y se corta la comunicación totalmente. Le entrego los resultados y él empieza a leerlos y me dice "okey, quítese la chaqueta y los zapatos y pase a la camilla". Lo normal. Después de hacer el chequeo general, me puso en el brazo un tensiómetro electrónico. Él lo prende y va y se sienta en su escritorio a responder mensajes de Whatsapp. Yo no dije nada, pero sí me mostré incómodo con eso.


Vuelve el médico a revisar y me dice “uy no alcancé a ver, intentémoslo de nuevo”. Nuevamente, lo enciende y se va a su computador. Vuelve y me dice “intentémoslo en el otro brazo”. Ya para ese momento yo estaba seguro de que no había visto los primeros dos resultados y estaba pretendiendo que sí. Por fin ve el resultado y me dice “estás hipertenso. Lo siento, no puedo enviar a nadie hipertenso al barco.” y muy asombrado yo le dije que jamás había sufrido de eso y me pidió hacerme un examen para monitorear mi tensión que costó $80.000 pesos colombianos y que también fue un completo desastre porque el tensiómetro que me pusieron se me caía a cada rato y por ende, arrojó resultados erróneos y muy exagerados.


Mi hermano, el mejor doctor del universo para mi, lee los resultados y me dice que sí estaba hipertenso según lo que arrojaba el examen. La cuenta ya iba por $795.000 pesos colombianos. El estrés aumentaba porque eso estaba deteniendo el proceso.


Finalmente, y por recomendación de mi especialista médico, organizamos que mi hermano me iba a tomar la tensión en diferentes momentos del día y lo registraría en una tabla que posteriormente mi especialista avaló y me entregó mi certificado médico de que no había señales de hipertensión. Me dirijo con todos los nuevos resultados a donde el doctor y le digo a la secretaria que, el doctor tuvo un comportamiento poco profesional que en mi concepto, estaba impidiendo mi proceso para abordar. Le dije "yo traigo acá los exámenes que él me pidió, quiero que él los vea y de ser así, que me entregué mis documentos firmados y ya porque no estoy dispuesto a pagar de nuevo".


Ella me entendió y aceptó el trato. Entro al consultorio y de nuevo, el doctor muy serio y un poco molesto porque había peleado con el paciente anterior. Él saca mi carpeta de su archivador, lee los archivos y me dice “okey, estabas hipertenso. A ver los exámenes”. Le entrego el certificado de mi EPS que decía que estaba todo en orden y él me dice “y esto qué es? yo no le pedí que fuera a su EPS, le pedí un examen para yo analizarlo” … Le explico que me lo hice pero salió mal y que por eso en mi EPS optamos por una alternativa diferente. Acto seguido empieza a guardar todos los papeles de nuevo y me dice “yo no le pedí esto, muchas gracias por venir”. Me estiró la mano para entregarme el sobre de manila con todos mis documentos y yo de muy mala gana me fui.


Esa es la primera parte de esta historia. Frustración, cansancio y un sueño que parecía lejano con cada proceso en el que estaba. Pero esto no acaba aquí. Nos leemos el próximo jueves con la segunda parte de esta historia.


#ViajandoConJuan

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